Historia

Pioneros en boxes: los pilotos queer que cambiaron el automovilismo

Escrito por Tom | 26 de junio de 2020


Durante mucho tiempo, los deportes de motor se han definido por su cultura fraternal – grandes coches, grandes motores y egos aún más grandes– y eran una experiencia de alto octanaje no particularmente accesible para personas que no encajasen en el molde masculino heterosexual. Por suerte, las cosas empezaron a cambiar y hemos echado un vistazo a algunos de los pioneros queer del automovilismo. 


Los deportes de motor siempre han sido populares entre todo tipo de gente. Los clubes de motoristas fueron en su día un santuario para hombres gais y el primer viaje por carretera jamás realizado lo hizo una mujer. Pero incluso hoy asociamos los deportes de motor con algo demasiado fraterno. Tal vez sea el legado de los coches considerados como simbólicos de hombres heterosexuales o la presencia continua de conceptos como las chicas de la parrilla de salida en F1, una tradición a la que recientemente se ha puesto fin. La mirada masculina (de tipo tóxico) ha dado forma a los deportes de motor, motivo por el cual los pilotos que no encajaran y sin embargo tuvieran éxito en este ambiente son tan extraordinarios. Los pilotos queer son un buen ejemplo. 


Lella Lombardi


Por dónde empezar mejor que con la mujer piloto de F1 más exitosa de todos los tiempos: Lella Lombardi. Exconductora de reparto de una carnicería convertida en piloto de F1, sigue siendo la única mujer en conseguir puntos en el Campeonato mundial de F1 y la prensa la conocía cariñosamente como 'Tigresa de Turín'. También era lesbiana, pero la sexualidad de Lombardi nunca estuvo en el centro de atención. En cambio, sus logros sí que hablaron por ella. 



Lella Lombardi sigue siendo la única mujer que ha conseguido puntos en un campeonato de F1 


Nacida en 1941 en Frugarolo, Italia, Lombardi empezó a conducir como repartidora de la tienda familiar (eran carniceros). Rápidamente descubrió su amor por los coches, pero tuvo que ocultárselo sus padres, ya que en ese momento las conductoras estaban mal consideradas. Una posición exitosa en la Fórmula Monza de 1965 delató a Lombardi cuando sus padres leyeron sobre ella en los periódicos. Tres años más tarde fue subcampeona de Fórmula 3 en Italia y en 1970 compitió en la serie italiana de Fórmula 850 y lo ganó todo (acumulando cuatro victorias en la competición). Pronto se abriría camino por todo el mundo ganando en la serie Fórmula Ford México y debutando en la Fórmula 1 en 1974. 


A pesar de estos primeros éxitos, la carrera de Lombardi se vio empañada por algunos obstáculos. Su debut en la F1 fue en el trágico Gran Premio de España de 1975, en el que un coche perdió el control y mató a cuatro espectadores. El accidente acortó la carrera, pero aun así Lombardi se aseguró los únicos puntos de un campeonato de F1 conseguidos por una mujer y los primeros para alguien abiertamente queer. Muchos pilotos masculinos en ese momento no podían soportar perder ante Lombardi, una mujer, y hubieran hecho todo lo que estuviera en sus manos, incluyendo la manipulación de su coche, para evitar que tuviera éxito. Lombardi desafió el clima hostil hacia las mujeres después del Gran Premio, que sería un inicio para el deporte. No obstante, al margen de todo, todavía se definía a sí misma por su amor por el automovilismo y se la recuerda por sus palabras: ‘Prefiero tener un accidente antes que enamorarme. Eso es lo mucho que me encantan las carreras’.  


Mike Beuttler


Mike Beuttler fue técnicamente el primer piloto de F1 abiertamente gay. Técnicamente, pues muchos lo consideraban solo ‘medio en el armario’ ya que a menudo llevaba una novia a sus carreras, aunque sus amigos y colegas decían que la mayoría de ellos lo sabían y no les molestaba. Y gran parte del equipo que lo respaldó en la Fórmula 1 eran hombres gais adinerados. 



Beuttler era conocido por su indumentaria de carreras de color amarillo canario


Beuttler fue un excelente piloto amateur y se aventuró semiprofesionalmente en la F1 compitiendo en una serie de carreras a lo largo de los años. Lo irónico del récord de carreras de Beuttler es que, a pesar de que logró cinco clasificaciones finales entre los 10 mejores en las 28 carreras en las que participó, jamás consiguió asegurarse ningún punto, aunque con la normativa actual habría obtenido algunos. Reconocido por su característico Brabham amarillo, Beuttler permaneció para siempre como un toque de color en un ámbito gris.


Roberta Cowell


La historia de Roberta Cowell suele verse eclipsada por su reputación como la primera persona en someterse a una cirugía de reasignación de sexo en Gran Bretaña, en su caso de hombre a mujer. Esto tuvo lugar en 1951, pero antes había sido una piloto de carreras con un éxito moderado y piloto de la RAF. 


En su autobiografía Cowell describe los deportes de motor como ‘el todo y casi el fin de mi existencia’. Los primeros días de su historia de amor con el automovilismo la vieron colarse en el circuito de carreras de Brooklands vistiendo mono de mecánico y ofreciéndose a ayudar a cualquier mecánico o piloto que lo quisiera. Fue en 1936, y en 1939 competiría en el Gran Premio de Amberes. No obstante, el inicio de la Segunda Guerra Mundial la llevó a unirse a la RAF como piloto, algo para lo que previamente se había formado. Tras sobrevivir habiendo sido prisionera de guerra, regresó a las carreras después de la Segunda Guerra Mundial, fundando su propio equipo de carreras de automovilismo en 1946 y compitiendo en varias carreras por toda Europa. 



Cowell siguió conduciendo después de su transición, ganando la carrera de montaña Shelsley Walsh Speed Hill Climb de 1957


Como mujer trans, Cowell ganó la carrera de montaña Shelsley Walsh Speed Hill Climb de 1957, uno de los eventos automovilísticos más antiguos del mundo. Su éxito dio visibilidad a los transexuales y ofreció una narrativa con la que el público no había tenido contacto –las transiciones no eran cortinas de humo para la idea de la homosexualidad masculina. Cowell tenía familia, era veterana de guerra y una ávida entusiasta del automovilismo y piloto. El hecho de que Cowell tuviera todas las trampas tradicionales de la heterosexualidad masculina, pero fuera una mujer trans, ayudó a combatir los estigmas predominantes en torno a las personas trans, los hombres gais y también el automovilismo. Se mantuvo como piloto en activo hasta 1970 y su legado perdura en la actualidad. 


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