Historia

Las historias olvidadas de las mujeres samurái

Escrito por Tom | 25 de septiembre de 2020


En el contexto occidental, el término samurái —una palabra masculina en japonés— se ha convertido en sinónimo del guerrero masculino con armadura de la élite feudal. Pero las guerreras samurái, conocidas como onna-bugeisha fueron en su momento igual de importantes. Estas mujeres se formaron en artes marciales para proteger a comunidades que carecían de defensores masculinos. La historia ha oscurecido su existencia durante mucho tiempo, pero los relatos sobre su heroicidad están empezando a resurgir. 


Cuenta la leyenda que en el año 200 e. c. sucedió algo bastante inaudito. El emperador Chūai, entonces en el poder, murió inesperadamente en una batalla, supuestamente por desobedecer el deseo de un espíritu maligno, conocido como kami, de invadir Corea. Pero esto no era lo extraño. 


Su esposa, conocida como la emperatriz Jingu en los relatos, se enfureció por su muerte y juró vengarlo. Según Nihon Shoki (Historia de Japón), Jingu buscó y mató a los rebeldes que habían asesinado a su marido. Su sed de sangre aún no estaba satisfecha, así que llevó un ejército a la lucha para conquistar 'la tierra prometida', ahora conocida como Corea. Si bien muchas de las fechas y acontecimientos reales son históricamente controvertidos y se consideran propios de leyendas, la historia de Jingu dejó huella en la sociedad japonesa y dio lugar al primer ejemplo de onna-bugeisha, que literalmente se traduce como mujer guerrera.


Las onna-bugeisha


Contrariamente a las visiones contemporáneas sobre la sociedad japonesa, que a menudo han descuidado el papel de la mujer fuera del hogar, las onna-bugeisha fueron en su momento una parte importante del Japón feudal. Pertenecían a la clase bushi, y más allá de cuidar de su casa y sus tierras (asumieron el papel de administradoras, conocidas como jito), también tenían el deber de protegerlas. Al igual que sus equivalentes masculinos, se formaron en artes marciales, empuñando armas como la naginata (una espada larga enastada con una guadaña curva) y la daga Kaiken, y a su vez estaban bien versadas en el arte de la lucha con cuchillos conocida como tantōjutsu. Muchas de estas armas fueron diseñadas para mujeres que se especializaban en combates a distancia y podían seguir siendo ágiles cuando se enfrentaban a oponentes físicamente más fuertes. 



Las mujeres se entrenaban en artes marciales, a menudo empuñando una larga espada de asta conocida como naginata. Wikimedia Commons.

Según Rochelle Nowaki en ‘Women Warriors of Early Japan’, la escasez de información sobre las mujeres guerreras no se debía a que fueran pocas, sino a la sociedad rápidamente cambiante de la época. ‘Las representaciones históricas de estas mujeres son poco habituales’, escribe Nowaki. ‘Debido a los cambios que surgieron con las turbulencias políticas y sociales a partir del Período Kamakura. La aparente ‘escasez de referencias indica que las mujeres constituían una minoría distinta de guerreros’, pero lo contrario era más probable, ya que la evidencia que registraba sus logros se perdía en las prácticas beligerantes de la época’. 


Las emperatrices de Japón


Si bien la leyenda de Jingu es seductora, hay motivos para encontrar la verdad en sus planteamientos guerreros como onna-bugeisha pionera. En 'Samurai Women 1184-1877' Stephen Turnbull describe el ascenso de Himiko, una supuesta hechicera, pero más probablemente una especie de suma sacerdotisa o chamana, que gobernó junto a un homólogo masculino. Se trataba de un patrón de la época según el cual la mujer asumía la función clerical y el hombre la administrativa. No obstante, Turnbull señala que había evidencias que sugieren que mujeres como ella sí desempeñaron un papel más importante. ‘Una investigación arqueológica de las tumbas de las mujeres gobernantes del siglo IV ha revelado la presencia de armaduras y armas, por lo que es posible que dirigieran las tropas a la batalla, como en la leyenda de Jingu’. 


Durante dos siglos Japón vio gobernar y luchar a varias mujeres. Wikimedia Commons.

A lo largo de los siglos V y VI Japón fue testigo de la aparición de mujeres gobernantes, con ocho emperatrices en total, y del surgimiento de sus célebres mujeres guerreras, como Tomoe Gozen y Hangaku Gozen. No fue hasta el siglo XII, cuando la clase samurái derrocó el status quo, que las mujeres quedaron casi por completo obsoletas en el ámbito de la guerra y el poder. 


Las onna-musha


Había dos tipos de onna-bugeisha: las que defendían la casa y las que participaban en batallas ofensivas. Estas mujeres eran conocidas como onna-musha, como Tomoe Gozen. 



Tomoe Gozen ha sido una de las guerreras más respetadas en la historia japonesa. Wikimedia Commons.


Tomoe Gozen es una de las figuras femeninas más veneradas en la historia japonesa y un ejemplo de onna-musha. En un relato épico conocido como ‘El cantar de Heike’, escrito en el siglo XIV, es descrita como ‘especialmente hermosa, con piel blanca, pelo largo y características encantadoras. También fue una arquera notablemente buena, y como espadachina fue una guerrera muy valiosa, dispuesta a enfrentarse a un demonio o a un dios, a caballo o a pie... Cada vez que una batalla era inminente, Yoshinaka la enviaba como primer capitán, equipada con una resistente armadura, una espada de gran tamaño y un poderoso arco; y ella realizó más acciones valerosas que cualquiera de sus otros guerreros’.


Su ascenso se produjo en la famosa batalla de la Guerra Genpei (1180-1185) entre los clanes Taira y Minamoto. Tomoe luchó en el clan Minamoto, llevando a 300 samuráis a la victoria contra 2000 guerreros del clan Taira, incluyendo la prominente onna-musha Hangaku Gozen. Fue un momento crucial en la historia japonesa, pues marcó la instauración del primer shogunato, conocido como el shogunato Kamakura. 



Una xilografía con una representación de Tomoe Gozen, de Yōshū Chikanobu, célebre artista de ukiyo-e. Wikimedia Commons.

Nowaki escribe que la última lucha de Tomoe de la que hay constancia fue en la Batalla de Awazu, donde ya se había afirmado como la guerrera propia de Japón. Se consolidó como tal al presenciar la herida mortal de su señor, ‘esperando al acecho a un enemigo. Y apareció uno famoso en toda la provincia de Musashi por su fuerza, Onda no Hachiro Morishige, con treinta jinetes. Tomoe cargó entre ellos, fue directa hasta Onda no Hachiro, ferozmente se apoderó de él y clavó su cabeza en la perilla de su silla de montar, luego la arrancó, la cortó, y la lanzó’. 


Tomoe desapareció del ojo público después, pero otras onna-busha, como la chica guerrera Nakano Takeko, siguieron sus pasos. Tomoe es recordada hasta hoy, ampliamente considerada como la figura fundadora de la lucha naginata. 


Luchando contra un rol tradicional


Las mujeres de Japón lidiaron batallas en todos los frentes. A medida que la clase samurái se fue haciendo con el poder, la familia se fue convirtiendo gradualmente en su principal ámbito. El inicio del Período Edo a comienzos del siglo XVII vio cómo las onna-bugeisha se enfrentaron a nuevos reveses como resultado de la filosofía neoconfuciana y la importancia que esta le impuso al matrimonio en detrimento de sus habilidades. Los samuráis varones se retiraron de los combates y pasaron a ser burócratas, mientras que a las mujeres se les prohibió viajar y luchar. Un repunte en interés por las mujeres samurái y el entrenamiento moral asociado a la lucha naginata proporcionaron un cierto respiro a las mujeres durante el período Tokugawa, pero fue algo efímero. De hecho, un grupo guerrero femenino ad hoc, liderado por Nakano Takekko, que luchó y murió en la batalla de Aizu (1868), está ampliamente considerado como la última resistencia de las onna-bugeisha. 



Las onna-bugeisha lidiaron muchas batallas y quizá ninguna fue más brutal que la que quedaría en el recuerdo. Wikimedia Commons.

Ese mismo año la Restauración Meiji marcó el inicio de la era Meiji, durante la cual Japón se sometió a una rápida modernización. La clase samurái perdió el poder, con muchos de ellos asumiendo roles en nuevos puestos gubernamentales y ahora ya sin sus privilegios militares. Pero Japón aún valoraba a los samuráis, incluyendo a sus guerreras femeninas. 


En 1881 la emperatriz Jingu se convirtió en la primera mujer en aparecer en un billete japonés. Aunque su rostro real nunca se definió por falta de fuentes disponibles, el reconocimiento cimentó su legado y anunció un renovado interés por ella y por las temibles guerreras que fueron las onna-bugeisha. Aunque hoy existen únicamente en los libros de historia y sus días de lucha acabaron hace mucho, la única batalla que queda es la que nos queda por librar; la que amenaza con dejarlas en el olvido.


____________________

Canaliza tu espíritu de lucha con nuestras subastas dedicadas a los samuráis, o bien regístrate como vendedor. 


Descubre más
arte japonés | arte asiático y tribal


También te podrían gustar: 

Explorando el mundo del kimono: un intricado retrato de la sociedad japonesa

Una guía rápida sobre los grabados xilográficos japoneses

El antiguo arte de los bonsáis: cultivando el esteticismo japonés

Crea tu cuenta gratuita de Catawiki

En Catawiki, te sorprenderás cada semana con la impresionante selección de objetos especiales que te ofrecemos. Regístrate hoy y explora nuestras subastas semanales elaboradas por nuestro equipo de expertos profesionales.

Crear una cuenta
Compartir artículo
Close Created with Sketch.
¿Todavía no te has registrado?
Al crear tu cuenta gratuita en Catawiki, podrás pujar por cualquiera de los 50 000 objetos especiales que ofrecemos a subasta cada semana.
¡Regístrate ahora!