Entrevistas

Historias apasionantes: la vida sobre el papel con Didier Tronchet

Escrito por Tom | 11 de marzo de 2021


En esta entrega de nuestra serie sobre vendedores entregados, en la que dibujamos el perfil de creativos excepcionales de nuestra comunidad, charlamos con el célebre dibujante de cómics francés Didier Tronchet, para hablar sobre su carrera en el cómic hasta ahora, sobre cómo escribe y sobre por qué el humor y la sorpresa son la esencia de su obra. 



‘Tu decoración es extremadamente sombría en comparación con la de Bertrand. La de Bertrand tiene cuchillos por todas partes’, observa Didier fríamente. En los entornos íntimos en 2021, esta conversación tiene lugar, cómo no podría ser de otra manera, en Zoom. Bertrand, el gerente de cuentas de Didier en Catawiki está —tal vez afortunadamente teniendo en cuenta la decoración antes mencionada— sentado en su cocina, después de habernos presentado y haber planteado el tema de la entrevista. 


Cuando se le pide si tiene alguna pregunta antes de empezar, no tarda en bromear. ‘Pensé que me ibas a leer mis derechos’, dice entre risas. ‘Pero solo era lo de los cuchillos. Era la única pregunta que tenía’. 


Didier no es ajeno a las entrevistas, tal como muestran su calidez, franqueza y sentido del humor. De hecho, es un profesional experimentado. Periodista de formación convertido en dibujante de cómics que ha hecho una incursión en la escritura de guiones y la dirección de películas, conoce bien los focos, gracias a su gran éxito tanto comercial como entre los críticos por su marca distintiva de humor negro y sentimientos universales. Incluso podríamos considerarlo una celebridad, pero es reacio a llevar ese tipo de etiqueta. En realidad, la actitud sobria del mundo del cómic hacia la fama y su naturaleza igualitaria son en parte lo que le atrajo inicialmente. 


Didier empezó su carrera como periodista, pero se sintió atraído por la libertad que los cómics daban a los artistas en sus obras. 

‘No es un entorno extremadamente pretencioso; somos gente muy sencilla’, revela. ‘Porque no somos estrellas y la gente no nos reconoce por la calle. No tenemos un público espectacular en comparación con actores y músicos, así nos sentimos obligados a ser modestos. Somos niños que se ven obligados a crecer, pero por dentro conservamos nuestro niño interior. Hay una especie de libertad de tono, una alegría que generalmente prevalece en el dibujo de cómics.


‘Dibujar me permite expresar las cosas de una forma diferente a la que se me permitía con la escritura. Me gusta la necesidad que tiene el dibujo de hacer las cosas sumamente claras, sencillas y concisas. No te puedes molestar con los matices, así que nos vemos obligados a ir a lo esencial. No puedes perderte; tienes que decir lo que realmente está pasando’.


Viaje desde el periodismo


El amor de Didier por los cómics es en muchos sentidos un resultado directo de sus antecedentes en el periodismo. La exactitud y la objetividad de la escritura periodística le obligaban, y terminaron siendo lo mismo que lo animó a buscar en otro lugar una manera de expresar la verdad. ‘Rápidamente me di cuenta de que la ficción me era más favorable que la realidad. Cuando ejercía el periodismo, me di cuenta de que tenía que respetar los hechos; no podía decir nada de la gente’.


Crear cómics, dice, era un antídoto para este dilema fáctico, un medio que con todas sus caricaturas y colores funcionaba como una narración más lúcida de la realidad. ‘Tras siete años como periodista, dejé los medios de comunicación para pasarme al lado humorístico de las cosas. Trabajaba en la región de Nord-Pas-de-Calais, que es un territorio muy especial [de Francia]. Tiene una población que me encanta, que es muy distinta. Tenía ante mí, en realidad, algunos personajes de verdad. Me dije a que era una pena ser tan cauteloso con mis historias porque las reglas del periodismo implicaban no tener una libertad total ante la realidad y había que ir con cuidado’.



El estudio de Didier se encuentra en la verde región francesa de Ardèche.

Hace una pausa. ‘No quería burlarme de esa gente; estaba de su lado’, dice con delicadeza. ‘Pensé que podría hacer un mejor uso de mis encuentros con ellos a través del dibujo, pues me permite transmitir una sensación precisa sobre las situaciones. Es algo con más implicación y más subjetivo, pero al final da más libertad y, sobre todo, puede ser más divertido’. 


Aferrarse al humor y los sentimientos


Si su éxito de ventas y sus premios son algo con lo que guiarse, la decisión de cambiar de carrera fue buena. Siendo un artista muy respetado y más conocido por su serie Jean-Claude Tergal (sobre un personaje central que, en palabras del propio Didier, es ‘un perdedor sentimental’) y las aventuras casi quijotescas de Raymond Calbuth, Didier se ha labrado un camino único para sí mismo con su característico humor negro y su habilidad para capturar experiencias humanas universales. 


‘El punto de inflexión para mí en el cómic fue cuando me di cuenta de que la gente comprendía lo que decía y que incluso podía hacer reír. Compartimos un sentido del humor, así que me resultó sumamente tranquilizador poder decirme a mí mismo: “Bueno, ya no estoy solo en el universo; de repente, tengo amigos, hermanos, que se ríen conmigo también de lo mismo”’. 


Jean-Claude Tergal supuso un importante avance para Didier y simboliza la razón por la que tantos lectores adoran la obra de Tronchet. ‘Tuve suerte con los personajes que empecé a dibujar, y especialmente con Jean-Claude Tergal, un perdedor sentimental con el que la gente se identificaba, pues todo el mundo ha vivido esos trágicos momentos con el enemigo mortal que encontramos cuando somos adolescentes; el miedo que conlleva el descubrimiento de los demás’. 



Didier es célebre por sus comprensivos personajes que a menudo se enfrentan cara a cara con muchas de las desgracias de la adolescencia

En el caso del personaje de Jean-Claude, el adversario eran las chicas, pero Didier recurrió a la experiencia universal de la adolescencia y lo que significaba sentir toda la confusión, desgracia y decepción que llegan con la aparición de la atracción. ‘De hecho, todo el mundo ha experimentado estas desventuras sentimentales y sexuales, y es bueno compartirlas porque es algo que hace todo más llevadero’.


Ser gracioso puede ser difícil, especialmente sobre el papel. Pero aunque Didier haya hecho que parezca que es algo natural, dice que ser cómico nunca ha sido su intención. Más bien, se trata de algo para proporcionar un poco de ligereza en la seriedad del mundo y llegar a la raíz de lo que hay que decir. 


‘El humor lo rompe todo y sacude las cosas. Es muy funcional. El humor es lo que yo definiría como un dolor necesario. Tiene que ser inquietante, pues de lo contrario sería un humor consensuado que es.. una pequeña sonrisa que no molesta a nadie y que es bastante inútil. Tal vez sea pretencioso definir el humor así, pero no lo veo como otra cosa que no genere incomodidad, aunque del tipo que sea algo divertido’.


Como señala Didier, a menudo recurrimos a humoristas políticos y cómicos para denunciar algo que está mal o para llegar a lo que todos estamos pensando. Los cómics no son algo diferente.


‘En general, el humor al que soy más sensible es el escarnio. Trato de encontrar un elemento algo fuera de lo común que haga que una situación aparentemente trágica resulte sumamente divertida. Lo más interesante es hacer gracia en casos en los que se supone que no hay que ser graciosos. Para mí, el humor va de esto. Es una sorpresa, y no debería ser algo convencional. 



El humor para Didier es en muchos sentidos una fuente de verdad, y un recurso que utiliza en sus cómics

‘El humorista muestra dónde no van bien las cosas, pero de una forma cómica. Esto es lo que hace que las cosas sean soportables, pues siempre es posible ser críticos mientras hacemos avanzar las cosas. Y es ahí donde tendremos la mejor oportunidad para cambiar las cosas’. 


Es un planteamiento admirable y un recordatorio de la profundidad de los pensamientos a los que los cómics pueden acceder. No obstante, Didier se apresura a comentar que él no es ningún superhéroe. ‘No tengo la intención de cambiar el mundo’, dice entre risas. ‘Pero mi propia naturaleza implica que, cuando me expreso, saldrá así y a veces daré justo en el clavo’. 


‘Hice una serie titulada Les damnés de la terre associés. Iba sobre los Poissart, una familia de gente humilde. Habla sobre la miseria, la enfermedad en los hospitales, cosas así. Fue duro, pero tenía la esperanza contar una historia de una manera que nos hiciera ponernos en el lugar de la gente que lucha, porque también hay un gran peligro si se está del lado de los fuertes contra los débiles mientras se es débil contra los fuertes. Es lo peor que puede pasar. Procuro expresarme de la forma más natural posible, pero trato de tener cuidado de no derribar a alguien que ya esté enterrado en las profundidades, ni llegar a ser demasiado respetuoso con la gente poderosa. Pero las intenciones de cambiar el mundo a veces son improductivas; es algo que sucede sin que queramos’.


Trazando una historia


Más allá de la inclinación cómica de Didier, otra de las partes más impresionantes y distintivas de sus obras son sus dibujos.


‘Mis dibujos eran un poco rígidos al principio, pues carecía de formación. Empecé a dibujar lo mejor que pude por mis propios medios, ya que quería contar un determinado tipo de historias. Mi manera de dibujar era un poco limitada, pero ahora ya no importa porque se ha convertido en un estilo. Es lo bueno de los cómics; es un tipo de dibujo distinto. En el dibujo hay una cierta expectativa de éxito, pero en los cómics se acepta el hecho de que el caricaturista no sea siempre muy bueno siempre que nos cuente algo que nos llegue. Ahí es donde ocurren pequeños milagros’.


La experiencia ha conformado naturalmente sus ilustraciones, y es lo que le da a sus cómics su atractivo. ‘En cuanto me liberé de mi complejo de impostor en el dibujo, pude contar una historia genuina sobre dónde había viajado, las cosas que había visto y las personas que había conocido’. 



Didier aprendió a dibujar de forma autodidacta, sin ninguna formación técnica completa

Si bien el relato es el corazón palpitante de su obra, Didier explica que son las imágenes, y no las palabras, las que le guían a la hora de crear un cómic. ‘Los cómics son una forma de expresión que no tolera el exceso de palabras escritas. Lo visual siempre debe ir primero. El texto y el dibujo están tan conectados que el dibujo se convierte en sí en escritura. No puedo separar una cosa de la otra’. 


Esto no implica que las palabras no sean importantes. Pero Didier explica que es lo visceral lo que da vitalidad a los personajes de sus historias, los cuales son en muchos sentidos portavoces de sus propios sentimientos. 


‘Mi manera de trabajar es muy peculiar. No escribo las historias de antemano. Tengo una idea de lo que va a pasar, pero es cuando empiezo a dibujar que siento que los personajes cobran vida en mi lápiz; que sé lo que dicen. Hay que estar lo más cerca posible de lo que sucede. En ese momento el diálogo surge de forma natural’. 


Su enfoque es algo así como un método para actuar: una inmersión completa en un personaje y en un mundo. ‘Tengo que encontrarme en este estado de ánimo cuando trabajo. Cuando dibujo, imito al personaje: si el personaje está enfadado, mi cara adquiere una expresión de furia. Me pongo en la piel del personaje y espero a que me diga qué pasará. Suena un poco descabellado, pero es el personaje el que me dice lo que sucede y la situación sigue su camino. No digo que siempre tenga éxito haciéndolo así’, señala, ‘pero en cualquier caso, no sé trabajar de otra manera’. 



Dejar que un personaje dirija la historia es, según Didier, la forma más segura de hacer una historia honesta y orgánica 

Los escritores y artistas no son ajenos a los conceptos de espacio y permiten que las cosas respiren. Y en el mundo de Didier, el espacio es cavernoso y el tiempo es un espectador. 


‘En los últimos años he dejado que los temas maduraran lentamente hasta sentir que realmente quiero trabajar en ellos. A menudo tomo pequeñas notas dispersas que guardo en mis bolsillos. Las que consigo salvar las pego en una libreta. Luego dejo que todo repose unos dos, cinco, o a veces diez años. Y entonces vuelvo a mis anotaciones y me digo: “¡ah!, esta es una gran idea”, o “Ya no quiero hacer esto”'. La visión retrospectiva que tengo en ese momento con mis ideas es radical. No puedo equivocarme. Así que, cuando una idea se mantiene, significa que tenía algo’. 


La sensación de final


Didier tiene un estilo singular y poco ortodoxo. Habitar la imaginación propia es una cosa, pero moldearla de nuevo sobre el papel es algo diferente. Es un método, pero no uno que todo el mundo pueda replicar. Y esta noción de azar, y de ensayo y error, es la piedra angular del enfoque artístico de Didier.


‘Es una creencia que tengo; mi lado místico profundo, de que las ideas no nos pertenecen’, dice afablemente. ‘Viajan en una gran nube a nuestro alrededor, y nuestra única cualidad es nuestra capacidad, en un momento dado, de estar en sintonía con tal idea’. 


En un momento paradójico, a medida que la conversación llega a su fin, hablamos sobre finales, tanto ficticios como reales. Es inesperado, pero se siente como algo apropiadamente característico de Didier. 


‘Únicamente conozco mi relato en la última página. Hasta ese momento no sé lo que vale ni si la historia será buena. Por encima de todo, trato de mantener la frescura hasta el final. Tengo que sorprenderme en el camino con una vaga idea de lo que puede suceder al final. Pero en los momentos finales, a medida que me aproximo al final, me doy cuenta de que había otras cosas ocultas en la historia que no había visto antes. Son cosas que hacen que el final sea mucho más interesante, especialmente si va por otro camino’. 



Mientras que muchos artistas planifican diligentemente sus cómics, Didier emplea un enfoque más laissez-faire

Es un sentimiento bonito y que a Didier le ha dado sus frutos. En una historia popular que hizo sobre un cantante desaparecido en los años 70, comenta que no fue hasta la última viñeta que supo lo que iba a pasar. 


‘[En el cómic antes mencionado] sabía que había algo allí, pero en ese momento me dije a mí mismo que no le interesaría a nadie. Hasta el mismo final me estuve preguntando cómo podría terminar la historia. Supe que estaba acabada cuando dibujé la última viñeta, en la que el cantante encuentra al autor del libro, le da sus canciones y le dice “Toma, he compuesto algunas canciones nuevas, míralas”, y eso fue todo. Y entonces desaparece en la noche. Tiene lugar en París y llueve.


Mi imagen final era con el personaje protagonista bajo la lluvia, con los faros del coche iluminándolo por detrás, y sin saber lo que está pensando. Pero ahí está la fortaleza de las tiras cómicas. Se logra demostrar que está muy emocionado, pues acaba de recibir canciones de su cantante favorito; unas canciones que únicamente existirán para él. Y no sabemos si llora si es la lluvia’.



Si el lector encuentra algo en la historia con lo que se identifica, es un marcador clave de éxito.

Tener tanta confianza en tus personajes es una cosa, pero es un ejemplo esclarecedor de un maestro que se encuentra en lo más alto; ser capaz de crear algo que se entienda en el mundo en general, sabiendo que lo que instintivamente está plasmado en el papel podría encontrar su camino hasta grabarse inconscientemente en la mente de muchos. 


‘Soy el intérprete de sus emociones. Estoy muy agradecido, como lector, a escritores sobre los que puedo decir “Ah, pues sí; el autor dice todo lo que no sabía cómo decir; dicen todo lo que no podía decir. Lo hacen y es un alivio para mí”. Esta es también la gran virtud de la ficción: proporcionar una catarsis al lector, hacer experimentar situaciones que no ocurrirían en su vida normal; como un personaje que vive en su nombre. Y al mismo tiempo, se lleva al lector mucho más lejos emocionalmente, ya que experimenta cosas increíbles. Cuando se consigue hacer esto, es un éxito: lograr llevar al lector hasta la historia, y llevarlo junto con nosotros’.


____________________

Únete a nuestra comunidad de creativos y coleccionistas y conviértete en vendedor en Catawiki.


Descubre más cómics


También te podrían gustar:

Cómo Pilote recuperó el cómic europeo para los franceses

Historia de la mujer en el cómic a través de tres superheroínas

Cómo Spider-Man demostró que los adolescentes también podían ser superhéroes


Crea tu cuenta gratuita de Catawiki

En Catawiki, te sorprenderás cada semana con la impresionante selección de objetos especiales que te ofrecemos. Regístrate hoy y explora nuestras subastas semanales elaboradas por nuestro equipo de expertos profesionales.

Crear una cuenta
Compartir artículo
Close Created with Sketch.
¿Todavía no te has registrado?
Al crear tu cuenta gratuita en Catawiki, podrás pujar por cualquiera de los 65 000 objetos especiales que ofrecemos a subasta cada semana.
Regístrate ahora